Estaba presente y junto a mí. Tratando de calmar mi dolor. Aliviando lo que nadie mas se había dignado a, siquiera, escuchar. Desarrollando su función. Incondicional. Dejando a su paso las mas bellas marcas. Orificios de poder infinito. Caminos inundados de mares rojizos. De penumbras del pensamiento. De dolores callados y suspiros ahogados. De recuerdos sin expresar. De decisiones por tomar.
La observaba a distancia queriendo acercarme. Poseerla. Hacerla mía. Entregarme a su poder creando mi propia fragilidad. Dotándola del precio de mis actos. Quitando mi carga emocional. Convirtiéndola, por fin, en aquel fluido que mi ser extrañaba. Pero no podía. No debía. Y aun así, lo hice.
La tome con calma y suavidad. Firme. Sintiendo su fría presencia. Su absoluta belleza. La pegue a mi cuerpo y derrame una lágrima sabiendome suya. Deslizándose sobre mi piel. Cambiando, solo por un momento, mi ser. Ese acero inoxidable que nunca dice "hoy no...". Que siempre me toma con fuerza, cuando lo que mas deseo es dejar de sentir... Difuminando un dolor con otro... Como siempre lo hace. Como hoy no lo hizo.
Dosis duplicada, mismo resultado. Desee tenerla mas tiempo. La evidencia visible se presento en demasía. Me abstuve. Me aleje. Prometiendo un "Hasta luego"...
No hay comentarios:
Publicar un comentario