Esperando en mi ventana. Con la vana y tonta idea de que vendarías. Con la mirada perdida al horizonte. Con la visión interrumpida. No tanto por las rejillas blancas, como por tu misma imagen creada en mi imaginario. Te miro acercarte desde el extremo mas lejano de la calle. Llegar entre los arboles y sonreírme con inocencia. Con una disculpa planeada. Con un beso en la comisura de tu labio. Ese que sólo me darás a mí.
Te miro en perfecta sincronía. Con la proporción ideal que en nadie mas encuentro. Con tu mirada cerrada que me explota el aire y tu sonrisa nunca ausente que me devuelve la mía. Con ese cabello, siempre ordenado dentro de su propio caos. Llegas a mi ventana y me besas sin poder esperar mi salida. Me hablas. Me amas. Y dejo de ser yo para convertirme en Tu.
Te miro en perfecta sincronía. Con la proporción ideal que en nadie mas encuentro. Con tu mirada cerrada que me explota el aire y tu sonrisa nunca ausente que me devuelve la mía. Con ese cabello, siempre ordenado dentro de su propio caos. Llegas a mi ventana y me besas sin poder esperar mi salida. Me hablas. Me amas. Y dejo de ser yo para convertirme en Tu.
Tu. Tus pasos. Tus besos. Tu ausencia... Mi expectativa, tu realidad.
Cierro los ojos sólo para evidenciar el llanto que me come los órganos. Y no me muevo. Y miro mi realidad en la que nunca llegaste. En la que siempre fui una mujer en la ventana. Una mujer a la que nadie visito. La que siempre espero... la que te sigue esperando.
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