Con el primer minuto de su segunda década, fluyo la tercera lágrima que marcaría su día. Que le recordaría la profunda y espesa consistencia de su maldad. De esa espuma negra que se desprende desde el centro de su ser para satisfacer los deseos ajenos. Para dañar en el momento preciso. Tenía conciencia de que, nuevamente, en algún lugar de su diminuto poblado; se encontraba una persona derramando una lágrima con la misma sincronía que ella. Culpándola por su dolor. No entendiendo sus motivos. Y ciertamente, al derramar sus lágrimas, había perdido consciencia de la verdadera razón de su origen. No sabía si surgían por él, o por mera compasión a si misma. Porque tampoco era algo oculto a su saber, que había abandonadado de nuevo el amor. Había destrozado, nuevamente, aquello que empezaba a consolidarse. Porque las estructuras la aburren, la atosigan, le dan seguridad. Y la seguridad le hace crecer un escozor en la parte lateral derecha de su cuello. Y ese escozor la hace sentir vacía. Sin emoción.
De nuevo se encontraba sola. Sola para ella misma. Para nadie. Para morir y matarse día a día. Para lamentarse por la inexistencia de amor y afecto en su vida. Para buscar. Para encontrar. Para volver a destrozar.
Dos horas habían pasado desde el momento en que su segunda década inicio.Y un turbio pensamiento la hizo esbozar una sonrisa. Estaba perfectamente consciente de que, al pasar de los años, continuara siendo la misma adicta a las emociones que no soporta devorar a los demás. Pero que lo seguirá haciendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario