lunes, 28 de marzo de 2011

Derretida.

Lilia sonreía mirando el techo de su habitación. Esa cuarto, vacío y azul, que reflejaba todo el desorden de un año ocupado. Se sentía cansada. Pero con ese cansancio que causa suspiros. Ese cansancio que provoca risas sueltas en una cabeza revuelta por alguien mas. Lilia sonreía. Y lo hacia porque ahora estaba segura de su objetivo. Estaba segura del lugar en el que depositaba sus pasos. Sabia que el camino por el que se aventuraba era peligroso e irregular. Y sin embargo, sonreía... porque ahora conocía el riesgo, y, en cuestión de minutos, había desarrollado una plena convicción por correrlo. 
Lilia sonreía porque esa tarde lo había sentido por completo junto a ella, había sentido sus pensamientos explotando a su alrededor. Lilia sonreía porque ahora sabia que todo dolor, valdría la pena sufrirlo por él.

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