lunes, 9 de mayo de 2011

Así. Por tu causa.

Y de pronto se despierta mi instinto asesino... No lo freno. 
Lo libero en mi excitante imaginario. 

Y tengo ganas de ver su sangre corriendo... de beberla. De reírme mientras introduzco mi mano dentro de su cuerpo. Y saco uno a uno sus órganos blandos, húmedos...
Y le demuestro lo que es la oscuridad.
Oscuridad que presumía tener y de la cual renegó para que no la matara. Oscuridad que cohabita conmigo y sale, solamente, para crear malos sueños...
Y mojo mi rostro con su sangre caliente...Y arranco su boca con mis dientes para que no vuelva a besar jamas.
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A besarlo a él.
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A besar a nadie. 
Desprendo, con mi rabia, su rizado umbral y descubro como se despega la piel de su cráneo.
 Grito de rabia, de placer.
La observo destruida, carcomida por mi singular tortura pre y post mortem... Atravieso la viscosidad de sus ojos con mis uñas, manchas carmín de mi odio, de mis celos... Y azoto su cabeza contra la pared mientras canto aquella canción que jamas debió profanar... 
Mi risa. Sólo queda mi risa.
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