Y de pronto se despierta mi instinto asesino... No lo freno.
Lo libero en mi excitante imaginario.
Y tengo ganas de ver su sangre corriendo... de beberla. De reírme mientras introduzco mi mano dentro de su cuerpo. Y saco uno a uno sus órganos blandos, húmedos...
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Y le demuestro lo que es la oscuridad.
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Oscuridad que presumía tener y de la cual renegó para que no la matara. Oscuridad que cohabita conmigo y sale, solamente, para crear malos sueños...
Y mojo mi rostro con su sangre caliente...Y arranco su boca con mis dientes para que no vuelva a besar jamas.
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A besarlo a él.
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A besar a nadie.
Desprendo, con mi rabia, su rizado umbral y descubro como se despega la piel de su cráneo.
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Grito de rabia, de placer.
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La observo destruida, carcomida por mi singular tortura pre y post mortem... Atravieso la viscosidad de sus ojos con mis uñas, manchas carmín de mi odio, de mis celos... Y azoto su cabeza contra la pared mientras canto aquella canción que jamas debió profanar...
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Mi risa. Sólo queda mi risa.
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