lunes, 9 de mayo de 2011

Antigüedades.

Sentí un fuerte dolor resurgir desde dentro. Estrellándose en cada poro que tocaste con tus manos. Obligándome a explotar en estas letras toda la sangre coagulada en mis venas. Tomando mi segunda arma de descarga emocional, comencé a escribir para ti, como tantas veces lo hiciste tu...
... 
Escuchaba el grueso hilo de tu voz atravesar el teléfono. Te hablaba sonriente, te animaba inquietante... Sin la mas mínima consciencia, el sabor de mis labios se cargo con mis lágrimas. Lágrimas que mi voz disfrazaba, que mi interior escupía para no ahogarse. Te colgué... ¿o fuiste tu el que lo hizo y yo nunca quise verlo? Me colgaste. Pero el timbre de tu voz se quedo prendado en mí. Repitiendo su nombre.

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