viernes, 3 de junio de 2011

Feliz.

Desperté... cansada descubrí que mis piernas exigían algo más que pararse. Tome el celular y vi la hora. Me pregunte por qué razón no había sonado en el momento adecuado y maldije las 9:30 todas las veces posible. Era tarde. Tarde, y en definitiva ya no llegaba a mi clase. Me quede pensativa mirando el techo, recordando todo lo que había vivido el día anterior; los rostros ingenuos y marcados por una vida difícil que se habían volteado hacia mi. Las sonrisas, las palabras que, sin pedir nada más, me habían ofrecido. Eran niños. Sí. Pero eran mucho mas que eso. Cerré lo ojos y derrame la lagrima que llevaba horas atorada en mi garganta, dí la vuelta y me dispuse a dormir mas.

Desperté de nuevo en mi cama, aun con las piernas dormidas. Con los ojos pesados. Con los sueños atorados en las pupilas. Me pare. Desayune y me dispuse a tomar un baño. A las dos de la tarde tendría la entrevista que había perseguido durante toda la semana... y entonces paso. El celular sonaba dando repiques de entusiasmo, de angustia o que sé yo. Vibraba, del miedo o la emoción. Vibraba. Gire los ojos con desanimo y maldije tres veces a la persona que se le había ocurrido llamarme mientras me relajaba bajo el agua. Tome mi toalla y salí. Sonó. Escuche su voz animosa y por mi mente transcurrió el pensamiento mas esperado en los últimos seis meses, quizá sólo lo estaba imaginando... no podía estarlo diciendo de verdad... no...

Sí... ella dijo "somos Julias". Y mi respiración nunca recupero su estado habitual... Julia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario