Ayer, o mas bien hoy por la mañana muy mañana, viví una experiencia de lo mas curiosa. Así fue como me encontre, a las 4:00am corriendo por el sumidero en tacones, y muy guapa he de decir, gritando, cual llorona, el nombre de mi peluda y bigotona hija, una schnauzer de 4 años. Y es que uno no pensaría que a esa hora se iba a salir ¡solo por abrir un poco la reja! pero vaya, después de la gran angustia e incluso después de las lágrimas, la encontré hasta la terminal de camiones y la traje cargando a casa, no sin antes darle un muy buen sermón.
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