viernes, 6 de agosto de 2010

Como dos extraños.

Mas que nunca había deseado encontrarlo, recordarle lo bueno que era estar juntos. Cambiar su soledad por aquella anhelada compañía.
   En las ultimas semanas había pensado en él con fuerza y disfrutaba sus tardes rememorando cada momento a su lado, cada beso, cada abrazo. - Solo lo bueno - pensaba. Pero la realidad es que no lograba encontrar ningún error en su historia común.
  Sabia que se veía a si misma como una mujer desesperada, una loca. Una acosadora que, con el propósito de encontrarlo, investigaba cada paso que él hacia en su vida; y, por supuesto, este sentir aumento el día en que por fin descubrió su paradero. 
  Y ahora lo tenia ahí, con el ir y venir de los automóviles como única barrera. Su sonrisa no podía ser mas amplia, y la de él respondía con el mismo candor. Sin poder evitarlo su imaginación la llevo a pensar en un encuentro perfecto, con el ruido de los autos como fondo musical, marcando los latidos de su corazón que deseaba volver a amar como antes lo había hecho.
  Rojo. Cada paso que daba, una ilusión, cada ilusión una mirada, su mirada. El saludo no se hizo esperar, las risas nerviosas tampoco... pero no hubo nada mas. Ella trataba de hablarle de todo, de nada; mientras que él simplemente sonreía, esa sonrisa que ahora con la cercanía, no parecía tener la misma emoción, la misma veracidad. Esa sonrisa que sin duda los años habían cambiado.
  Quizá no debió omitir momentos al recordarlo, quizá así se habría dado cuenta de que idealizaba lo que ya no tenia. Una lágrima salio de ella, y antes de girar, para seguir su camino, lo miro - perdona, los recuerdos me han hecho mal. - susurro, y volvió su rostro hacia la calle ahora sin trafico, hacia la calle vacía, donde, durante mucho tiempo, ningún carro volvería a pasar.

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